sábado, 11 de junio de 2011


Identidad e Ideología. Dinámica de la identidad en el cambio.
Publicado el 9 julio, 2010 por psique yeros
Me pareció sumamente interesante el diálogo que se dio en los comentaros de Identidad y Cambio. Introducción. Prolegómenos a la noción de pertenencia. El tema giró en dos ejes la relación entre la ideología y la propia identidad y, sutilmente, a medida que se profundizó el diálogo, se orientó hacia la dinámica del crecimiento en identidad o, mejor expresado, la dinámica de la identidad en medio de los avatares del crecimiento y del cambio que este implica.
Quería compartirlo con ustedes a modo de post:
Susanita- Según aprendí, una ideología se deduce de un marco teórico cerrado que no permite diálogos con otras ideas que no pertenezcan a ese marco. Una ideología entonces sería por ej. el marxismo o el liberalismo. Si es así, entonces aquellas personas que se fanatizan con la adhesión a alguna ideología, en realidad, ¿ estarían buscando su propia identidad o asumiéndola desde un lugar absolutamente cómodo que llevaría a la persona a no asumir ninguna responsabilidad hacia sí mismo y mucho menos hacia la sociedad en la que participa?
P&E- Bien Susanita, muy bien, has descrito bastante acertadamente el aspecto psicológico de una ideología. Las ideologías son sistemas cerrados que exigen una permanente tensión de autoconfirmación respecto del sistema. Deja de importar la realidad, por el contrario, lo único importante es que todo encaje en el sistema. Obviamente que para que todo encaje tiene que haber una voluntad de sistema que tenga la pretensión de hacer encajar todo en el sistema, esa voluntad de sistema no es otra cosa que un yo que se pone como centro y el sistema es su habitat.
Gaby-Me surge preguntar si cualquier ideológia puede tener este uso digamos positivo que sirva para afirmar la propia identidad y ¿que es lo hace que un sistema ideológico sirva a tal afecto en vez de ser una causa mas de alienación de la identidad?
Por otro lado se me ocurre ..¿ es posible que la religión actúe psicologicamente como una ideología?
P&E-En mi opinión, el fundante último de la ideología como tal no son tanto los contenidos de la misma cuanto la pretensión de ordenar la realidad hacia el sistema y no el sistema hacia la realidad.
Una ideología puede servirte “un tiempo” para rescatarte de estados más alienantes, pero si te estancás en la ideología ella misma se vuelve alienante. Por ejemplo, supongamos que un chico de un villa rodeado de un ambiente que lo tira para abajo todo el tiempo de repente descubre “los ideales” del marxismo. Ciertamente que el marxismo y sus ideales lo rescatan de la posibilidad de animalizarse consumiendo paco y hasta le dan un horizonte diverso a su vida. En ese caso la ideología afirma una cierta identidad, que no sé si todavía es la “propia identidad”, pero seguro que es más sana que la de un adicto.
Ahora bien, si el horizonte de esa persona se cierra absolutamente sobre la ideología, y no avanza, y no la considera como algo útil en un momento determinado, entonces la ideología se vuelve despersonalizante.
Usando tus palabras “lo que hace que un sistema sirva para afirmar la propia identidad” es en realidad un conjunto de medias verdades, o verdades locas, como las llamaba Chesterton. Son verdades buenas, pero sacadas de quicio, en el marxismo, por ejemplo, la pretensión de igualdad. Que es algo bueno y hace bien a la identidad de una persona… hasta que tiene los elementos para darse cuenta que esa verdad está sacada de quicio en el marxismo, justo en ese punto, en el que tiene la posibilidad de tomar conciencia del desquiciamiento de la ideología, si no lo hace y decide estancarse ahí, justo allí es cuando la ideología de personalizante pasa a ser alienante para una persona en concreto.
Por supuesto que la religión se puede comportar como una ideología, hay modos limitados de predicar y vivir la religión, modos muy influidos por lo humano, que al igual que con la ideología, al principio hacen bien pero si uno no los supera terminan haciendo mal. Por darte un ejemplo, la función del director espiritual para una persona en particular, según la doctrina de muchos, tiene ribetes profundamente ideológicos. Desgraciadamente las personas quedan atrapadas en simplismos altamente perniciosos para ellas que las terminan apartando de Cristo, en definitiva.
Gaby- Gracias!
Mi impresión personal es que la propia identidad debe ser descubierta y formada en forma continua, es decir por un lado creo que implica un centro constante e inmutable, una “postura o forma de posicionarse” que de alguna forma nos es dado y en ese sentido puede ser descubierto, al menos en abstracto, con una mirada introspectiva de un mismo, pero al mismo tiempo creo que los cambios y conflictos que en los diferentes ordenes de la realidad se van sucediendo pueden servir para formar y reconstruir esa identidad, las mas de las veces reafirmando la idea que de nosotros mismos tenemos, pero a veces, incluso reformulando esa idea…cuestión un tanto compleja, porque ¿Cómo diferenciar una reformulación de una idea de una traición a uno mismo?
En particular y desde el punto de las ideologías, en tanto que sistemas cerrados de ideas o valores, entiendo que pueden servir como un prisma en el cual ver reflejado aquello que uno considera más propio e intimo y que puede ser la propia identidad, lo difícil me parece es no confundir a ese sistema con el propio yo o la propia persona, sobre todo cuando los conflictos que la realidad te pone son conflictos con el sistema de ideas y valores que han servido para formar una identidad… igual supongo que es algo que depende del caso concreto y que no se puede analizar así en abstracto.
P&E- Comparto con vos todo lo que decís, está muy bueno y lo expresás con mucha claridad. Tu pregunta es extremadamente difícil de responder, más que en abstracto, en una persona en concreto sobre todo. Mucho más si uno se da cuenta que construir la propia identidad es como construir una casa o un edificio al revés. De lo más superficial, hacia lo más profundo. Desde el techo, hasta los cimientos. Por extraño que parezca, cuando se construye identidad, los distintos estadios por los que se pasa son siempre menos profundos que el próximo, si verdaderamente se está creciendo. Es como si comenzáramos por poner el techo, después las paredes y después los cimientos, después la tierra en la que se afirma los cimientos, después el sistema solar que hace posible la tierra tal como la conocemos, después el universo que hace posible el sistema solar, and go on again and again. Ese es el misterioso camino del crecimiento verdadero de la identidad, que no es propiamente ganar en desarrollo, en expanderse hacia adelante, eso es otra cosa, es plenificar potencialidades. No, por el contrario, crecer en identidad es ir hacia abajo, ganando fundamentos, ganando cimientos, que siempre estuvieron e hicieron posible nuestra identidad, pero que nunca los “pusimos” en nuestra Weltanschauung, y cuando los “ponemos” se sacude todo el edificio, entramos en “crisis”, parece que se va a caer, pero en realidad estamos haciendo lo más sano que podíamos hacer: CRECER… para abajo… no en ramas y hojas (aunque también pueda ser importante)… sino en raices.
Al final no te respondí ¿Cómo diferenciar una reformulación de una idea de una traición a uno mismo?, pero con la anterior respuesta casi están los elementos para poder responder…
Gaby- No siempre que uno formula una pregunta es porque busque una respuesta, hay veces que las preguntas sirven como carta de presentación, es decir, por ahí una sola pregunta que alguien formula dice más de sí que un montón de afirmaciones o aseveraciones que pueda emitir., Igual, tampoco es exactamente el caso (aunque algo hay), simplemente no estaba requiriendo respuesta sino tan solo compartiendo pregunta.
Any way, comparto lo de la estructura descendente en la construcción de la identidad, pero le agrego en ese “Crecer para abajo”, si se quiere en cuanto “método” (aunque no creo haya métodos del tipo que se encuentran en manuales), un ejercicio dialectico, de prueba, contraste, error., Prueba, contraste, acierto y sucesivamente… quizá sea fatigoso y en ciertas veces desalentador (sobre todo cuando la curvatura del espiral que, más que proponer, elijo, la hacen verse un completo circulo), y quizá y ya que tamos en tema, las o alguna ideología, (incluso independiente de su contenido aunque velemos que sea el más sano o el menos enfermable y enfermante posible) sea preferible… al menos “por un tiempo”, como dice usd., Es decir, sin duda que un puñado de certezas “de afuera” son mejores cimientos que un surtidor de lacerantes dudas que mane desde dentro, sobre todo desde el punto de vista de la eficacia y de ese crecer en sentido de expandirse que usd. formula, y que indudablemente es necesario…o más bien urgente. Pero, siempre hay un pero (y aunque sea en consuelo de pobre), digamos que las certezas tienden a solidificarse, a entrecruzarse y enmarañarse de forma tal que se impermeabilizan y a fin de cuentas, si de lo que se trata es de crecer pa bajo, de raíces y ese tipo de cosas, bueno, pues que pueden terminar siendo un obstáculo.
Por otro lado y desde la perspectiva del ansiado espiral y de la lacerante duda…como que algunas certezas también hay y lo interesante es que se vuelven más tangibles y por sobre todo más inevitables, por ejemplo: la certeza de que tarde o temprano he indefectiblemente, y quizá imprevistamente… se te doblan las rodillas y quedas postrado y de frente a una cruz.
A partir de eso, también se puede Crecer y no solo pa bajo. Por lo menos… así lo veo yo!, como diría san Filipo-a quien no le dieron mucha bola en este mundial. Mal Hecho!
Solo una cosa en el tintero., La Weltanschauung?,
P&E- Welt (mundo) anschauung (parecer experiencial, mirada)=cosmovisión
La lógica prueba-error es el motor de toda pedagogía.
El drama de crecer para abajo, y de la lacerante duda, como vos la llamas, es que para ponerle paredes a un techo, por un momento, tenés que suspenderlo en el aire. No importa lo profundo que uno haya fundado identidad el paso al próximo estadio te hace sentir “suspendido en el aire” y sin “hacer pie en nada”.
Y sí, también es cierto, si como dijimos la identidad se construye de lo superficial hacia lo profundo hay toneladas de cosas que absorbemos de un modo directo desde afuera y que en algún momento tenemos que decidir si las apropiamos o las expulsamos de nuestra identidad.

viernes, 10 de junio de 2011

Mujeres que han dejado Huella

 Cleopatra VII, reina: Cleopatra Filopator Nea Thea (69-30 a. C.) heredó de su padre el trono de Egipto. Sus amores con Julio César y Marco Antonio la convirtieron en una de las soberanas con más poder de la antigüedad.
Juana de Arco, heroína: La combatiente francesa (1412-1431) asumió el mando del ejército real galo en varias batallas durante el reinado de Carlos VII. El papa Benedicto XV la nombró santa en 1920. Murió en la hoguera por herejía.
Ana Bolena, reina consorte: La segunda esposa (1501-1536) del monarca inglés Enrique VIII murió decapitada en la Torre de Londres después de que su marido la acusara de adulterio. Su propio padre, sir Thomas Boleyn, la condenó.
Emilia Pardo Bazán, escritora: De la pluma de esta autora coruñesa (1851-1921) surgieron ensayos, críticas, piezas periodísticas y, sobre todo, novelas. Por títulos como Los pazos de Ulloa se la considera introductora del naturalismo en España.
Maria Curie, científica: Maria Sklodowska (1867-1934) tomó el apellido de su marido, Pierre Curie. Por su nación de origen, Polonia, dio nombre a un elemento químico. Pionera en el estudio de la radiactividad, obtuvo dos premios Nobel.
Mata Hari, espía: Margaretha Geertruida Zelle (1876-1917) se sirvió de su capacidad de seducción para trabajar como espía de los franceses para el Gobierno alemán. Un tribunal francés ordenó que muriera fusilada por alta traición.
Virginia Woolf, escritora: Por la vivienda londinense de Bloomsbury de esta novelista (1882-1941) pasaron autores como J. M. Keynes y E. M. Foster. La autora de Las olas se suicidó ahogándose por miedo a una incipiente locura.
Dolores Ibárruri, política: La Pasionaria (1895-1989) militó en el Partido Socialista Obrero Español antes de pasar a formar parte del Partido Comunista. Es famosa su frase “¡No pasarán!”, en referencia a las tropas franquistas.
Frida Kahlo, pintora: Un accidente que la obligó a llevar corsé hizo que esta mexicana (1907-1954) se iniciara en la pintura, trabajo por el cual conoció al que fue su marido, Diego Rivera. Pintó sobre todo autorretratos de tinte surrealista.
Teresa de Calcuta, misionera: Gonxha Agnes (1910-1997) fundó la congregación Misioneras de la Caridad para ayudar a los pobres. Dos años después de su muerte, Juan Pablo II abrió la causa de su canonización. Recibió el Nobel de la Paz en 1979.
María Callas, soprano: Está considerada una de las mejores sopranos de todos los tiempos (1923-1977). Trabajó con los más importantes directores de escena y orquesta del mundo. Su éxito profesional fue parejo a una convulsa vida personal.
Edith Piaf, cantante: Criada por su abuela, que regentaba una casa de prostitutas, Edith (1915-1963) reveló su talento y su gran voz en las canciones populares que cantaba en las calles junto con su padre, Louis A. Gassion.
Indira Gandhi, política: Hija de Jawaharlal Nehru, el primer primer ministro de la India, fue Primera Ministra de su país en dos ocasiones hasta su asesinato en octubre de 1934. Estratega y pensadora política brillante.
Evita Perón, política: Marcada por una niñez en el campo e hija no reconocida, Eva (1919-1952) trabajó como actriz, modelo y locutora y se casó con el presidente argentino Perón. Luchó por los derechos de los trabajadores y de la mujer.
Carmen Martín Gaite, escritora: Esta salmantina (1925-2000) fue la primera mujer galardonada con el Premio Nacional de Literatura. También recibió el Nadal –por la novela Entre visillos– y el Príncipe de Asturias, entre otras condecoraciones.
Marilyn Monroe, actriz: Norma Jean Mortenson (1926-1962) protagonizó clásicos como Con faldas y a lo loco, pero sobre todo fue un mito erótico del siglo xx. Se dice que tuvo un romance con los hermanos Robert y John F. Kennedy.
Grace Kelly, actriz: Esta estadounidense (1929-1982) abandonó su carrera como estrella del celuloide para casarse, en 1956, con el príncipe Rainiero de Mónaco. Murió en accidente de tráfico cuando viajaba con su hija Estefanía.
Pilar Miró, cineasta: Licenciada en Periodismo y Derecho y graduada en Cinematografía, esta madrileña (1940-1997) comenzó su carrera profesional en Televisión Española. En cine dirigió Beltenebros, El perro del hortelano
Benazir Bhutto, política: Líder del Partido Popular de Pakistán (1953-2007), fue la primera mujer que ocupó el cargo de primer ministro de un país musulmán. Dirigió Pakistán en dos ocasiones. Fue asesinada en plena campaña política.
Diana de Gales, princesa: Conocida como la princesa del pueblo (1961-1997) por su actitud solidaria con los más desfavorecidos, estuvo casada con Carlos de Inglaterra, con quien tuvo a los príncipes Guillermo y Enrique.



D�a de la Mujer Trabajadora


jueves, 2 de junio de 2011

UTILITARISMO

I. EL UTILITARISMO EN EL XIX.
Por utilitarismo se entiende una concepción de la moral según la cual lo bueno no es sino lo útil, convirtiéndose, en consecuencia, el principio de utilidad en el principio fundamental, según el cual juzgar la moralidad de nuestros actos. Es posible encontrar algunos esbozos de la doctrina utilitarista en A. Smith, R. Malthus y D. Ricardo, si bien se trata de una doctrina moral y social que halla sus principales teóricos en J. Bentham, James Mill y J. Stuart Mill. Para estos autores, de lo que se trata es de convertir la moral en ciencia positiva, capaz de permitir la transformación social hacia la felicidad colectiva.
J. Bentham, como hiciera el epicureísmo, estoicismo y Espinosa, considera que las dos motivaciones básicas, que dirigen o determinan la conducta humana, son el placer y el dolor. El ser humano, como cualquier organismo vivo, tiende a buscar el placer y a evitar el dolor. Sólo dichas tendencias constituyen algo real y, por ello, pueden convertirse en un principio inconmovible de la moralidad: lo bueno y el deber moral han de definirse en relación a lo que produce mayor placer individual o del mayor número de personas. Decir que un comportamiento es bueno, significa que produce más placer que dolor. Al margen de esto, según Bentham, los conceptos morales no son sino entidades ficticias. La felicidad misma no sería sino existencia de placer y ausencia de dolor. Bentham complementa este postulado básico con la aceptación de los siguientes supuestos o principios, que constituyen su sistema: 1) que el objeto propio del deseo es el placer y la ausencia de dolor (colocando así el egoísmo o interés propio como el fundamento del comportamiento moral); 2) que todos los placeres son cualitativamente idénticos y, en consecuencia, su única diferenciación es cuantitativa (según intensidad, duración, capacidad de generar otros placeres, pureza –medida en que no contienen dolor–, cantidad de personas a las que afecta, etc.); y 3) los placeres de las distintas personas son conmensurables entre sí. En otros términos, si el segundo principio suponía una indiferenciación cualitativa de los placeres para un mismo individuo, este afirma una indiferenciación cualitativa inter individuos. En efecto, si el origen o la modalidad de la sensación placentera (como la del dolor) son variables irrelevantes, el bien global de una persona cualquiera queda determinado unívocamente por el sumatorio de las magnitudes de las distintas modalidades de sensación. Esto tiene también un corolario, y es que, si lo dicho se asume consecuentemente y la tendencia natural de todo ser humano es hacia la maximización de su placer y minimización del dolor, los medios elegidos para ello son irrelevantes prima facie. La cláusula prima facie indica no que cualquier medio sea bueno, sino que (siendo las consecuencias las mismas –en términos de satisfacción–) la elección de uno u otro sería moralmente indiferente. Hechas estas asunciones, es fácil ver que los asuntos morales podrían dirimirse fácilmente recurriendo a un simple cálculo utilitarista de las opciones o alternativas de acción puestas en juego. Finalmente, la atención hacia otras personas (denominada en los sistemas morales tradicionales bajo los términos de altruismo, bondad, amor, etc.) tiene cabida en el sistema de Bentham, pero en la medida en que satisfagan los postulados anteriormente mencionados, es decir, en cuanto contribuyan a la satisfacción del interés propio. En la medida en que una persona necesita ser amada, para así eliminar el dolor de su soledad, en esa misma medida debe ocuparse de los demás, con el fin de que los demás también se ocupen de uno: los deberes para con los demás, son deberes en la medida en que los demás nos puedan resultar útiles.
J. Stuart Mill, por su parte, asume la máxima general utilitarista, según la cual, la tendencia natural de todo individuo hacia la felicidad presupone el esfuerzo por aumentar el placer y disminuir el dolor. Sin embargo, nocoincide con Bentham en la necesidad de admitir los tres principios anteriormente citados. Respecto al primero arguye que la felicidad propia no es alcanzable totalmente sin, de una u otra forma, procurar también la felicidad de los demás. Además, Mill admite el sacrificio, la renuncia o el comportamiento, en general, no interesado como una actitud moral que, en ciertas circunstancias, puede coincidir con la propia teoría utilitarista (matizando que dicho sacrificio no constituye un bien en sí mismo, sino un bien en la medida en que contribuya a la felicidad de los demás). Así, en El Utilitarismo, se nos dice: «En la norma áurea de Jesús de Nazaret, leemos todo el espíritu de la ética utilitarista: "Haz como querrías que hicieran contigo y ama a tu prójimo como a ti mismo"». Respecto a lo segundo, Mill no cree en una indiferenciación cualitativa de los placeres; al contrario, habla de la necesidad de distinguir placeres superiores de otros inferiores. Finalmente, reconoce que si esta diferenciación cualitativa debe observarse en una misma persona, ya no podemos hablar coherentemente de la comparabilidad de los placeres entre diferentes personas. Ciertamente, es preferible (moral y utilitariamente hablando) una persona que ha conquistado los placeres intelectivos, aunque insatisfecha en otros terrenos, a una satisfecha en los placeres sensoriales, pero vacía de los contemplativos. En este punto, el utilitarismo de Mill tiene rasgos de Aristotelismo, epicureísmo (que no hedonismo craso) y estoicismo innegables.
Estas diferencias entre los sistemas de Bentham y Mill, ha permitido que se distingan entre dos actitudes utilitaristas subyacentes a cada sistema: un utilitarismo psicológico (Bentham) que pretende el análisis desapasionado —y no desprovisto de cierta ironía— de las motivaciones del comportamiento individual y colectivo, y un utilitarismo idealista (Mill) cuya pretensión es destacar que ciertos valores éticos tradicionales (libertad, compasión, igualdad, etc.) son lo que más conviene (utilitaristamente hablando) al ser humano.
II. UTILITARISMO RACIONALISTA.
El utilitarismo es aquella concepción según la cual bondad y utilidad coinciden y, en consecuencia, también deber y utilidad. Esta idea, no obstante, tiene sus dificultades. En efecto, la utilidad es una relación triádica entre aquello de lo que se dice la utilidad, los intereses de la persona respecto de los cuales se dice ser útil aquello, y la circunstancia en la que se lleva a cabo la valoración o cálculo de utilidades. Siendo esto así, cabe legítimamente hacerse algunas de las siguientes preguntas: a) ¿útil para quién?; b) ¿respecto a qué intereses?; c) ¿no puede esta concepción confundir intereses personales o colectivos con postulados morales?; d) ¿cómo justificar, en última instancia, lo que es moralmente correcto hacer, a partir de cálculos utilitarios sobre opciones particulares?; e) ¿no nos lleva el utilitarismo a un relativismo ético absoluto, al cambiar las ideas y los sentimientos de una sociedad en la distancia y en el tiempo?; etc. En vistas a solucionar estas dificultades, el utilitarismo tradicional ha adoptado en la actualidad la forma de un utilitarismo racionalista, según el cual los principios y valores morales coinciden, en última instancia, con los criterios racionales de un, así denominado, «egoísmo ilustrado».
Esta nueva forma de utilitarismo, ha adoptado los métodos de análisis propios de las teorías matemáticas de la decisión y de la teoría de juegos. Algunos autores significativos dentro de esta original forma de análisis ético, son J. Rawls (quien elabora una teoría de la /justicia, basándose en tales modelos de investigación), J. C. Harsanyi (para quien los juicios correctos acerca de la justicia derivan de una situación de imparcialidad e igualdad de oportunidades, ambas definidas según el aparato formal de la teoría de la decisión y juegos), D. Gauthier y D. Parfit (quienes han analizado la moralidad como resultado de la conducta racional, en contextos de interacción estratégica), etc.
Esquemáticamente, los argumentos del utilitarismo racionalista respecto a las dificultades señaladas, podemos enumerarlos como sigue: a) Dada la naturaleza comunitaria de la existencia de cada /persona, todo lo que favorece los intereses comunitarios es, a fortiori, algo que favorece el interés individual. De donde se sigue, por ejemplo, que (racionalmente) nadie estaría interesado en comportamientos que perjudiquen el /bien común y, viceversa, que toda persona (racional) estaría interesada en promover conductas que favoreciesen el bien común. b) Aunque hay ciertos intereses que toda persona podría satisfacer independientemente de la cooperación de los demás, o de la situación en que otras personas se hallen, no con todos los intereses sucede así. Es más, esto último suele suceder precisamente con aquellos intereses personales más importantes o significativos. Así, nuestro bienestar y felicidad depende (en muchos casos) del bienestar o felicidad de otras personas, y no podemos ser felices a menos que estas lo sean (por ejemplo, de nuestros hijos, amigos o, en general, de todos aquellos a quienes amamos). c) Finalmente, respecto del presunto relativismo en que podría incurrir la ética utilitarista, hay que decir que, pese a la influencia en la elaboración de la teoría de la racionalidad colectiva del análisis de decisiones, en situaciones de interacción, no se excluye el postulado de existencia de una naturaleza humana común a todos los hombres (como hiciesen Aristóteles, el estoicismo, Espinosa, etc.), y en virtud de cuya realización deviniesen los máximos bienes esperables y la "felicidad.
III. A MODO DE CONCLUSIÓN.
Por un lado, las tesis utilitaristas del siglo XIX (Bentham y Mill) pretendían ser, antes que un sistema teórico abstracto, un instrumento de reforma social y política, vinculadas a reivindicaciones de corte socialista, en una realidad caracterizada por la explotación, la miseria o indigencia de las clases obreras (D. Ricardo) y el problema del crecimiento indiscriminado de la población en un medio adverso (Malthus). En este sentido, podemos considerar el utilitarismo (independientemente de las singularidades de su sistematización teórica y de su suficiencia o no suficiencia) como una sensibilización filosófica hacia la realidad social, y como una defensa del /individuo frente a su disolución /ética, económica y política. Por otro lado, el utilitarismo (en cuanto moral consecuencialista o teleológica) se opone a la moral superflua, al /deber por el deber (ética kantiana), al dogmatismo, al precepto moral que no se halla legitimado o justificado teóricamente (en función de sus consecuencias); en definitiva, se halla opuesto a toda moralidad que obstaculiza al hombre el gozo terreno y su felicidad. El utilitarismo, en su modalidad racionalista, implica y fomenta asimismo el análisis y la reflexión sobre nuestra conducta moral, el /diálogo y el /consenso (es decir, la tolerancia), sin reconocer otra instancia superior a la razón como legitimadora de lo moralmente correcto. En otros términos, se trata de una moral que sitúa en primer lugar la /autonomía del sujeto, dentro de un marco de racionalidad: no de una racionalidad concreta y dogmática, sino de una racionalidad abierta, tolerante y dialógica.


miércoles, 1 de junio de 2011

Aristoteles, Socrates y Platón...




Aristóteles se ha significado como uno de los filósofos más importantes de todos los tiempos y ha sido uno de los pilares del pensamiento occidental. Sus obras, escritas hace más de dos mil trescientos años, siguen ejerciendo una influencia notable sobre innumerables pensadores contemporáneos y continúan siendo objeto de estudio por parte de múltiples especialistas. La filosofía de Aristóteles c
La metafísica
La preocupación metafísica de Aristóteles es a la vez crítica, con respecto a la de su maestro Platón, y constructiva, puesto que se propone una nueva sistematización. Lo que pretende con la metafísica es llegar a saber "de los principios y de las causas primeras". Aborda los temas de la metafísica en lo que él llama "filosofía primera", ciencia que considera el ser en cuanto ser. Por ocuparse de las primeras y verdaderas causas, puede ser considerada igualmente ciencia de lo divino, ciencia teológica (Theoldgiké épistéme).

La vida de Aristóteles contada en una miniatura medieval
Aristóteles rechaza la teoría platónica de las Ideas separadas de los entes de este mundo. Lo verdaderamente existente no son los "reflejos" de las Ideas, sino los entes individuales, captados por la inteligencia y en los que reside el aspecto universal. En todo ser se da la sustancia (ousìa, esencia de cada ente individual subsistente en sí mismo) y el accidente (cualidad que no existe en sí misma sino en la sustancia). Las sustancias sensibles se hallan constituidas por dos principios: materia, que dice de qué está hecha una cosa, y forma, disposición o estructura de la misma.
Para explicar el cambio se vale de las nociones de acto y potencia, determinaciones primeras del ser. Ahora bien, con estas dos nociones sabemos cómo suceden los cambios o movimientos, pero no sabemos por qué. Esto lo conocemos mediante las razones o causas del cambio, que Aristóteles concretiza en cuatro: causa material, causa formal, causa eficiente y causa final (o teleológica). Esta última es de gran importancia para el Estagirita, ya que está convencido de que todo existe para cumplir un fin, pues todo, por su propia inmanencia, busca su intrínseca perfección.
onstituye, junto a la de su maestro Platón, el legado más importante del pensamiento de la Grecia antigua.



Algunos Pensamientos....


La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión.
Cada uno juzga bien aquello que conoce, y de eso es buen juez.
En las adversidades sale a la luz la virtud.


Socrates

Sócrates nació en Atenas el año 470 a. C. y murió en el 399 a. C. Hijo de un escultor y una comadrona, recibió una educación tradicional: literatura, música y gimnasia. Más tarde se familiarizó con la dialéctica y la retórica de los sofistas. Al principio, Sócrates siguió el trabajo de su padre; realizó un conjunto de estatuas de las tres Gracias, que estuvieron en la entrada de la Acrópolis hasta el siglo II a. C. Durante la guerra del Peloponeso contra Esparta, sirvió como hoplita con gran valor en las batallas de Potidea en el 432-430 a. C., Delio en el 424 a. C., y Anfípolis en el 422 a. C.
Era de pequeña estatura, vientre prominente, ojos saltones y nariz exageradamente respingona. Su figura era motivo de chanza. Alcibíades lo comparó con los silenos, los seguidores ebrios y lascivos de Dioniso. Platón consideraba digno de ser rememorado el día que le lavó los pies y le puso sandalias (a Sócrates), y Antifón, el sofista, decía que ningún esclavo querría ser tratado como él se trataba a sí mismo. Llevaba siempre la misma capa, y era tremendamente austero en cuanto a comida y bebida.
Fue el verdadero iniciador de la filosofía en cuanto que le dio su objetivo primordial de ser la ciencia que busca en el interior del ser humano. El método de Sócrates era dialéctico: después de plantear una proposición analizaba las preguntas y respuestas suscitadas por la misma. Sócrates describió el alma como aquello en virtud de lo cual se nos califica de sabios o de locos, buenos o malos, una combinación de inteligencia y carácter.
Tuvo gran influencia en el pensamiento occidental, a través de la obra de su discípulo
Platón.
Creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura y, por lo tanto, pasó la mayor parte de su vida de adulto en los mercados y plazas públicas de Atenas, iniciando diálogos y discusiones con todo aquel que quisiera escucharle, a quienes solía responder mediante preguntas. Privilegió un método, al cual denominó (probablemente evocando a su madre partera) mayéutica, es decir, lograr que el interlocutor descubra sus propias verdades.
Fue obediente con las leyes de Atenas, pero evitaba la política. Creía que podría servir mejor a su país dedicándose a la filosofía. No escribió ningún libro ni tampoco fundó una escuela regular de filosofía. Todo lo que se sabe con certeza sobre sus enseñanzas se extrae de la obra de Platón, que atribuyó sus propias ideas a su maestro. Platón describió a Sócrates escondiéndose detrás de una irónica profesión de ignorancia, conocida como ironía socrática, con gran ingenio y agudeza mental.
La base de sus enseñanzas y lo que inculcó, fue la creencia en una comprensión objetiva de los conceptos de justicia, amor y virtud, y el conocimiento de uno mismo. Creía que todo vicio es el resultado de la ignorancia y que ninguna persona desea el mal; a su vez, la virtud es conocimiento y aquellos que conocen el bien actuarán de manera justa. Su lógica hizo hincapié en la discusión racional y la búsqueda de definiciones generales. En este sentido influyó en sus discípulo Platón y, a través de él, en Aristóteles.
Otro pensador y amigo influenciado por Sócrates fue Antístenes, el fundador de la escuela cínica de filosofía. Sócrates también fue maestro de Arístipo, que fundó la filosofía cirenaica de la experiencia y el placer, de la que surgió la filosofía más elevada de Epicuro. Tanto para los estoicos como el filósofo griego Epicteto, para el filósofo romano Séneca el Viejo como para el emperador romano Marco Aurelio, Sócrates representó la personificación y la guía para alcanzar una vida superior.




Platón..

Uno de los filósofos más trascendentes de antigüedad, en pos de desentrañar sus concepciones de este término tan fantasmagórico, que es el tiempo. Por 427 ó 428 a. C. en Atenas, nacía Platón,  autor de una amplísima cantidad de obras en forma de diálogo, tales como La República, Fedro, El Banquete, Timeo, Las Leyes, entre muchas. Fue el discípulo más importante de Sócrates, otro gigante del pensamiento, del cual recibió gran influencia; y fue quien marcaría el camino del desarrollo de la filosofía hasta nuestros tiempos.
De un modo similar a Parménides, de quien también recibió influencias, Platón distingue en la realidad dos mundos separados: el mundo inteligible y el mundo sensible. A las manifestaciones del mundo inteligible, las denomina “ideas”, y las apropia de cualidades como inmateriales, inmutables, eternas, indestructibles, y en fin, nos encontramos con la concepción del Ser de Parménides. Sin embargo, a diferencia de éste, Platón dice que esta realidad constituye el modelo perfeccionista del mundo sensible –el mundo material, sometido al cambio, a la generación y destrucción, etc., es decir, la realidad que percibes con los sentidos, y que resulta no ser más que una copia errada del mundo inteligible–. Esto merece una explicación.


A esta concepción, Platón denominó Teoría de las Ideas, pero no la enunció como tal, sino que expuso los fundamentos en sus distintas obras, por lo que es la base de toda su filosofía. (Parto de la premisa de que comprendes los argumentos de Parménides, sino, puede que no interpretes correctamente lo que se va a hablar).
Se cree que la gran diferencia entre los primeros hombres y el resto de los animales, fue la capacidad de agrupar las cosas en conjuntos, desarrollando así el lenguaje. Al observar un árbol, por ejemplo, y ver que existen otros objetos similares, decimos que hay muchos árboles. Pero ¿qué es “árbol”? No es un árbol material, ni dos; es el conjunto de todas las características comunes que poseen ciertos objetos que llamamos ‘árboles’.
O por ejemplo, el significado de la palabra “caballo”, no es el caballo en concreto, es la idea que tenemos de la estructura que compone cierto conjunto de objetos, que llamamos ‘caballos’, sin importar su tamaño, color, pelaje, sexo, edad, etc. Porque en definitiva, todos los caballos son elementos distintos, ajenos los unos a los otros, al igual que los árboles, y sin embargo el humano tiene la asombrosa capacidad de concebir las ideas, que engloban a todas las cualidades de cada conjunto de objetos y que permiten clasificarlos. A este tipo de ideas, Platón las llama arquetipos.
Es decir, que las ideas son la esencia de las cosas del mundo sensible –el mundo que percibimos a través de los sentidos–, son la cualidad absoluta que los define; y los objetos del mundo sensible, no son más que un pálido reflejo del mundo de las ideas, es decir, que son conceptos relativos y subjetivos. No hay que confundir las ideas con pensamiento; son cosas distintas. Los propios pensamientos necesitan de arquetipos o ideas que estructuran y definen las cosas o conceptos que son representadas mentalmente. Las ideas, por tanto, son algo superior, que subsisten sean pensadas o no, es decir independientes del sujeto pensante.
Pero esto no sólo sucede con las cosas materiales, sino también por ejemplo con la belleza, la justicia, la virtud, etc. Entonces ¿qué es la “belleza”? Cuando decimos que algo es bello, siempre podremos encontrar algo aún más bello, es decir, que se acerque más al verdadero significado de la ideabelleza’. Un rostro bello, un paisaje bello, cambian, y lo que es bello para uno, puede no serlo para otro: extraemos las cualidades de mutable y relativo. Sin embargo, la belleza sigue siendo lo que es, absolutamente y eternamente, al igual que todas las demás ideas.
Por lo tanto, el verdadero significado de cada cosa, su esencia, sólo la encontraríamos en el mundo inteligible, de las ideas, y nunca en la realidad sensible. Por ejemplo, nunca encontraremos un ‘árbol’: tal vez lleguemos a ver algo que se acerque mucho a lo que es la idea ‘árbol’, pero en definitiva, ese objeto no será un árbol. Se me ocurre graficarlo en una especie de diagrama de Venn, donde tenemos dos conjuntos: la realidad inteligible y la sensible





Guzman Hernandez Maria Jeanette
Galvan Gallardo Marcela
Martinez Hernandez Juan Pablo


martes, 31 de mayo de 2011

El mayor Sabines

ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES



PRIMERA PARTE I

Déjame reposar,

aflojar los músculos del corazón

y poner a dormitar el alma

para poder hablar,

para poder recordar estos días,

los más largos del tiempo.


Convalecemos de la angustia apenas

y estamos débiles, asustadizos,

despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño

para verte en la noche y saber que respiras.

Necesitamos despertar para estar más despiertos

en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.


Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,

por eso es que este hachazo nos sacude.

Nunca frente a tu muerte nos paramos

a pensar en la muerte,

ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la

alegría.

No lo sabemos bien, pero de pronto llega

un incesante aviso,

una escapada espada de la boca de Dios

que cae y cae y cae lentamente.

Y he aquí que temblamos de miedo,

que nos ahoga el llanto contenido,

que nos aprieta la garganta el miedo.


Nos echamos a andar y no paramos

de andar jamás, después de medianoche,

en ese pasillo del sanatorio silencioso

donde hay una enfermera despierta de ángel.

Esperar que murieras era morir despacio,

estar goteando del tubo de la muerte,

morir poco, a pedazos.


No ha habido hora más larga que cuando no

dormías,

ni túnel más espeso de horror y de miseria

que el que llenaban tus lamentos,

tu pobre cuerpo herido.


II

 


Del mar, también del mar,

de la tela del mar que nos envuelve,

de los golpes del mar y de su boca,

de su vagina obscura,

de su vómito,

de su pureza tétrica y profunda,

vienen la muerte, Dios, el aguacero

golpeando las persianas,

la noche, el viento.


De la tierra también,

de las raíces agudas de las casas,

del pie desnudo y sangrante de los árboles,

de algunas rocas viejas que no pueden moverse,

de lamentables charcos, ataúdes del agua,

de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,

y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,

viene Dios, el manco de cien manos,

ciego de tantos ojos,

dulcísimo, impotente.

(Omniausente, lleno de amor,

el viejo sordo, sin hijos,

derrama su corazón en la copa de su vientre.)


De los huesos también,

de la sal más entera de la sangre,

del ácido más fiel,

del alma más profunda y verdadera,

del alimento más entusiasmado,

del hígado y del llanto,

viene el oleaje tenso de la muerte,

el frío sudor de la esperanza,

y viene Dios riendo.


Caminan los libros a la hoguera.

Se levanta el telón: aparece el mar.


(Yo no soy el autor del mar.)


III


Siete caídas sufrió el elote de mi mano

antes de que mi hambre lo encontrara,

siete veces mil veces he muerto

y estoy risueño como en el primer día.

Nadie dirá: no supo de la vida

más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.

Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,

hijo de Dios desmemoriado,

hermano del viento.

¡A la chingada las lágrimas!,dije,

y me puse a llorar

como se ponen a parir.

Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,

las mujeres, el tiempo,

me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba

(si es que tengo una tumba algún día).

Me gusta mi rosal de cera

en el jardín que la noche visita.

Me gustan mis abuelos de Totomoste

y me gustan mis zapatos vacíos

esperándome como el día de mañana.

¡A la chingada la muerte!, dije,

sombra de mi sueño,

perversión de los ángeles,

y me entregué a morir

como una piedra al río,

como un disparo al vuelo de los pájaros.



IV



Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,

Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,

que se divierte arrojando dardos

a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,

a las ingles multitudinarias.


Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer

en la raíz del cuello, sobre la subclavia,

tubérculo del bueno de Dios,

ampolleta de la buena muerte,

y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.

El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,

es sólo un instrumento en las manos obscuras

de los dulces personajes que hacen la vida.


En las cuatro gavetas del archivero de madera

guardo los nombres queridos,

la ropa de los fantasmas familiares,

las palabras que rondan

y mis pieles sucesivas.


También están los rostros de algunas mujeres

los ojos amados y solos

y el beso casto del coito.

Y de las gavetas salen mis hijos.

¡Bien haya la sombra del árbol

llegando a la tierra,

porque es la luz que llega! V
De las nueve de la noche en adelante,
viendo televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.

Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca el aire...

(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)

Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de penas.
Quiero decir que a mí me sobre el aire...


VI

 

Te enterramos ayer.

Ayer te enterramos.

Te echamos tierra ayer.

Quedaste en la tierra ayer.

Estás rodeado de tierra

desde ayer.

Arriba y abajo y a los lados

por tus pies y por tu cabeza

está la tierra desde ayer.

Te metimos en la tierra,

te tapamos con tierra ayer.

Perteneces a la tierra

desde ayer.

Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.


VII

 

Madre generosa

de todos los muertos,

madre tierra, madre,

vagina del frío,

brazos de intemperie,

regazo del viento,

nido de la noche,

madre de la muerte,

recógelo, abrígalo,

desnúdalo, tómalo,

guárdalo, acábalo.



VIII

 

No podrás morir.

Debajo de la tierra

no podrás morir.

Sin agua y sin aire

no podrás morir.

Sin azúcar, sin leche,

sin frijoles, sin carne,

sin harina, sin higos,

no podrás morir.

Sin mujer y sin hijos

no podrás morir.

Debajo de la vida

no podrás morir.

En tu tanque de tierra

no podrás morir.

En tu caja de muerto

no podrás morir.

En tus venas sin sangre

no podrás morir.

En tu pecho vacío

no podrás morir.

En tu boca sin fuego

no podrás morir.

En tus ojos sin nadie

no podrás morir.

En tu carne sin llanto

no podrás morir.

No podrás morir.

No podrás morir.

No podrás morir.

Enterramos tu traje,

tus zapatos, el cáncer;

no podrás morir.

Tu silencio enterramos.

Tu cuerpo con candados.

Tus canas finas,

tu dolor clausurado.

No podrás morir.



IX

 


Te fuiste no sé a dónde.

Te espera tu cuarto.

Mi mamá, Juan y Jorge

te estamos esperando.

Nos han dado abrazos

de condolencia, y recibimos

cartas, telegramas, noticias

de que te enterramos,

pero tu nieta más pequeña

te busca en el cuarto,

y todos, sin decirlo,

te estamos esperando.



X

 

Es un mal sueño largo,

una tonta película de espanto,

un túnel que no acaba

lleno de piedras y de charcos.

¡Qué tiempo éste, maldito,

que revuelve las horas y los años,

el sueño y la conciencia,

el ojo abierto y el morir despacio!

XI Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.


Pulmón sin aire, niño mío, viejo,

cielo enterrado y manantial aéreo

voy a volverme un llanto subterráneo

para echarte mis ojos en tu pecho.


XII

 

Morir es retirarse, hacerse a un lado,

ocultarse un momento, estarse quieto,

pasar el aire de una orilla a nado

y estar en todas partes en secreto.


Morir es olvidar, ser olvidado,

refugiarse desnudo en el discreto

calor de Dios, y en su cerrado

puño, crecer igual que un feto.


Morir es encenderse bocabajo

hacia el humo y el hueso y la caliza

y hacerse tierra y tierra con trabajo.


Apagarse es morir, lento y aprisa

tomar la eternidad como a destajo

y repartir el alma en la ceniza.



XIII


Padre mío, señor mío, hermano mío,

amigo de mi alma, tierno y fuerte,

saca tu cuerpo viejo, viejo mío,

saca tu cuerpo de la muerte.


Saca tu corazón igual que un río,

tu frente limpia en que aprendí a quererte,

tu brazo como un árbol en el frío

saca todo tu cuerpo de la muerte.


Amo tus canas, tu mentón austero,

tu boca firme y tu mirada abierta,

tu pecho vasto y sólido y certero.


Estoy llamando, tirándote la puerta.

Parece que yo soy el que me muero:

¡padre mío, despierta!


XIV


No se ha roto ese vaso en que bebiste,

ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.

Ni se quemó la cama en que moriste,

ni sacrificamos un gato.


Te sobrevive todo. Todo existe

a pesar de tu muerte y de mi flato.

Parece que la vida nos embiste

igual que el cáncer sobre tu omoplato.


Te enterramos, te lloramos, te morimos,

te estás bien muerto y bien jodido y yermo

mientras pensamos en lo que no hicimos


y queremos tenerte aunque sea enfermo.

Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos

a no ser habitantes de tu infierno.



XV

 

Papá por treinta o por cuarenta años,

amigo de mi vida todo el tiempo,

protector de mi miedo, brazo mío,

palabra clara, corazón resuelto,


te has muerto cuando menos falta hacías,

cuando más falta me haces, padre, abuelo,

hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,

pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.


Te has muerto y me has matado un poco.

Porque no estás, ya no estaremos nunca

completos, en un sitio, de algún modo.


Algo le falta al mundo, y tú te has puesto

a empobrecerlo más, y a hacer a solas

tus gentes tristes y tu Dios contento.


XVI


(Noviembre 27)



¿Será posible que abras los ojos y nos veas

ahora?

¿Podrás oírnos?

¿Podrás sacar tus manos un momento?


Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta,

tu cumpleaños, viejo.

Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos

venimos a abrazarte, todos, viejo.

¡Tienes que estar oyendo!

No vayas a llorar como nosotros

porque tu muerte no es sino un pretexto

para llorar por todos,

por los que están viviendo.

Una pared caída nos separa,

sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo.


XVII Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.


Eras, cuando caía, eras mi abismo,

cuando me levantaba, mi fortaleza.

Eras brisa y sudor y cataclismo,

y eras el pan caliente sobre la mesa.


Amputado de ti, a medias hecho

hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,

desmantelada el alma, abierto el pecho,


Ofrezco a tu dolor un crucifijo:

te doy un palo, una piedra, un helecho,

mis hijos y mis días, y me aflijo.






SEGUNDA PARTE
I

Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos,

poco a poco te acabas.

Yo te he ido mirando a través de las noches

por encima del mármol, en tu pequeña casa.

Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas,

otro día sin garganta,

la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose,

tronchando obscuramente el trigal de tus canas.

Todo tú sumergido en humedad y gases

haciendo tus desechos, tu desorden, tu alma,

cada vez más igual tu carne que tu traje,

más madera tus huesos y más huesos las tablas.

Tierra mojada donde había tu boca,

aire podrido, luz aniquilada,

el silencio tendido a todo tu tamaño

germinando burbujas bajo las hojas de agua.

(Flores dominicales a dos metros arriba

te quieren pasar besos y no te pasan nada.)


II


Mientras los niños crecen y las horas nos hablan

tú, subterráneamente, lentamente, te apagas.

Lumbre enterrada y sola, pabilo de la sombra,

veta de horror para el que te escarba.


¡Es tan fácil decirte "padre mío"

y es tan difícil encontrarte, larva

de Dios, semilla de esperanza!


Quiero llorar a veces, y no quiero

llorar porque me pasas

como un derrumbe, porque pasas

como un viento tremendo, como un escalofrío

debajo de las sábanas,

como un gusano lento a lo largo del alma.


¡Si sólo se pudiera decir: "papá, cebolla,

polvo, cansancio, nada, nada, nada"

!Si con un trago te tragara!

¡Si con este dolor te apuñalara!

¡Si con este desvelo de memorias

-herida abierta, vómito de sangre-

te agarrara la cara!


Yo sé que tú ni yo,

ni un par de valvas,

ni un becerro de cobre, ni unas alas


sosteniendo la muerte, ni la espuma

en que naufraga el mar, ni -no- las playas,

la arena, la sumisa piedra con viento y agua,

ni el árbol que es abuelo de su sombra,

ni nuestro sol, hijastro de sus ramas,

ni la fruta madura, incandescente,

ni la raíz de perlas y de escamas,

ni tío, ni tu chozno, ni tu hipo,

ni mi locura, y ni tus espaldas,

sabrán del tiempo obscuro que nos corre

desde las venas tibias a las canas.


(Tiempo vacío, ampolla de vinagre,

caracol recordando la resaca.)


He aquí que todo viene, todo pasa,

todo, todo se acaba.

¿Pero tú? ¿pero yo? ¿pero nosotros?

¿para qué levantamos la palabra?

¿de qué sirvió el amor?

¿cuál era la muralla

que detenía la muerte? ¿dónde estaba

el niño negro de tu guarda?


Ángeles degollados puse al pie de tu caja,

y te eché encima tierra, piedras, lágrimas,

para que ya no salgas, para que no salgas.


III

 

Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo

y van y vienen máscaras.

Amanece el dolor un día tras otro,

nos rodeamos de amigos y fantasmas,

parece a veces que un alambre estira

la sangre, que una flor estalla,

que el corazón da frutas, y el cansancio

canta.


Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago,

apostando a crecer como las plantas,

fijos, inmóviles, girando

en la invisible llama.

Y mientras tú, el fuerte, el generoso,

el limpio de mentiras y de infamias,

guerrero de la paz, juez de victorias

-cedro del Líbano, robledal de Chiapas-

te ocultas en la tierra, te remontas

a tu raíz obscura y desolada.

 


IV


Un año o dos o tres,

te da lo mismo.

¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana

incesante, silenciosa, llama y llama?

¿qué subterránea voz no pronunciada?

¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito

de los dientes atrás, en la garganta

aérea, flotante, pare escamas?


¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados

los brazos y las piernas y la cara,

arrendados al hoyo, entretenidos

los jugos en la cáscara?

¿para exprimir los ojos noche

a noche en el temblor obscuro de la cama,

remolino de quietas transparencias,

descendimiento de la náusea?


¿Para esto morir?

¿para inventar el alma,

el vestido de Dios, la eternidad, el agua

del aguacero de la muerte, la esperanza?

¿morir para pescar?

¿para atrapar con su red a la araña?


Estás sobre la playa de algodones

y tu marca de sombras sube y baja.


V


Mi madre sola, en su vejez hundida,

sin dolor y sin lástima,

herida de tu muerte y de tu vida.


Esto dejaste. Su pasión enhiesta,

su celo firme, su labor sombría.

Árbol frutal a un paso de la leña,

su curvo sueño que te resucita.

Esto dejaste. Esto dejaste y no querías.


Pasó el viento. Quedaron de la casa

el pozo abierto y la raíz en ruinas.

Y es en vano llorar. Y si golpeas

las paredes de Dios, y si te arrancas

el pelo o la camisa,

nadie te oye jamás, nadie te mira.

No vuelve nadie, nada. No retorna

el polvo de oro de la vida.